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Tiempo al tiempo. El arte de recuperar tu vida, lo que te aporta una vida slow

Dar tiempo al tiempo quizá pueda calificarse como un pensamiento antiguo.  Pero en el maremágnum en la que vivimos en esta la vida moderna, nos puede ayudar a separar la cordura de la perdida de consciencia que se produce en nuestro día a día cotidiano. Debo reconocer que este verano he acabado saturada de tanto “Despacito”. Pero, sólo de la canción que oía en todas partes y a todas horas. Porque, en el lado opuesto, he descubierto en vacaciones los encantos de vivir “slowly”. Tanto que me he organizado para seguir aplicando esta filosofía de vida a mi vuelta a casa.

A ver, sé sincera, ¿cuánto hace que no te dejas el reloj olvidado en un rincón? ¿Recuerdas la última vez que te levantaste sin planes para pasar el día, sólo con el objetivo de descansar, disfrutar y hacer lo que te pida el cuerpo? Y, lo de dejar la mente en blanco durante unos pocos minutos, ¿crees que serías capaz de conseguirlo?

Tiempo-al-tiempo de Hechizo de PlataNo sé si tienes noticias del movimiento slow, una revolucionaria propuesta de vida que surgió nada menos que hace 30 años. Silenciosamente, se está inmiscuyendo en nuestras sociedades aceleradas, marcando lentamente pero sin pausa un cambio en nuestro estilo de vida. Empezó reivindicando el placer de sentarse en la mesa sin prisas y hoy ya hay hasta moda slow.

Tiempo al tiempo y llévale la contraria al mundo.

No me extraña que el “running” se haya convertido en la práctica de deporte preferida en las grandes ciudades. Sólo tienes que pararte a observar un segundo y verás que todo el mundo va corriendo a todas partes. Me viene a la cabeza una imagen de la película Matrix (esto ya sé que sólo os va a sonar a las aficionadas a la ciencia ficción). Su protagonista, Neo (nada menos que el guapo Keanu Reeves) está en medio de una transitada calle, tipo la Quinta Avenida de Nueva York, y de repente se congela la imagen. Todo inmóvil, salvo él. Resulta impactante.

Mi propuesta es que hagas lo contrario. ¡Deja que los demás corran! Tú camina. Y párate cuando algo te llame la atención. Y abre los ojos, no vayas con vista perdida. Seguro que esa calle por la que pasas todos los días tiene rincones que aún no conoces, simplemente porque nunca te has fijado. Cuando vayas acompañada, aprovecha para ir conversando, a ritmo pausado.

Sé que estás pensando que estoy fuera de la realidad. Que lo que te digo suena muy bien pero no es compatible con tu agenda. ¡Qué más te gustaría a ti que disponer de ese tiempo! Sólo te pido que recuerdes que no existe el tiempo así en abstracto, que de lo que dispones es de “tu tiempo” y dar tiempo al tiempo es cosa tuya, tu calidad de vida depende de cómo lo gestiones. Pero como soy consciente de que no es fácil, ahora vienen unos consejos prácticos para que puedas conseguirlo.

Selección y organización, esas son tus herramientas

Vale que las mujeres tenemos fama de “multitarea”. Pero, ¿realmente es necesario que estés preparando la cena, con los niños al lado haciendo los deberes, la radio puesta para oír las noticias, wasapeando con tus amigas y llamando a tu madre para ver cómo le ha ido el día? A lo mejor es el momento de que tus peques estudien solitos en sus habitaciones. Y que tu madre se acostumbre a que todos los días no es necesario hablar por hablar. O que dejes el móvil en el salón, que ya leerás lo que te cuentan en tus diez minutos de relax sentada en el sofá. Son pequeños momentos para respirar, para darle tiempo al tiempo de tu vida.

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Tampoco estaría mal que te planteases que tu hijo no tiene que saber música, informática, tenis, baile, natación, inglés… y esa lista interminable de extraescolares que colapsa las agendas diarias de cualquier madre. Para las que no tienen peques, vale con aplicárselo a ellas mismas, ¿yoga, natación, idiomas, curso de informática avanzada o liderazgo?

Un ejercicio práctico. Coge una agenda de papel, de esas de toda la vida, y anota detalladamente lo que va a ser tu día. Con un rotulador rojo, subraya lo imprescindible. Con uno verde, lo que realmente te apetece hacer. Mueve a otros días lo que se puede ir retrasando. Y tacha directamente lo que no te hace ninguna falta. ¿Un día mucho más despejado? Claro, vas a necesitar acostumbrarte a elegir. A convencerte de una vez por todas que “menos es más”, menos actividades obligadas más tiempo para ti.

Simplifica y disfruta. Da tiempo al tiempo.

Tranquila que no te pedimos que te vuelvas una “antisistema”. Este es un proceso progresivo como si te “desintoxicases” de velocidad. Está claro que tu despertador va a seguir sonando cada mañana. Pero, ¿y si pruebas a levantarte 10 minutos antes para sentarte a disfrutar tranquilamente de tu café? Es una forma slow de empezar el día y tomar tiempo al tiempo para salir corriendo en tu día cotidiano. 

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Y ves, poco a poco, transformando tu estilo de vida:

  • Aprende a decir no. No tienes que ir a todos los conciertos y exposiciones de tu ciudad. Tus amigos no se van a sentir abandonados si te reservas la tarde del domingo para ti. Esa copa después del trabajo no te aporta nada, no vayas… La lista de prescindibles es tan larga como necesites.
  • Acostúmbrate a hacer sólo una cosa a la vez. Apaga la tele, si vas a coger un libro. Sal a pasear sin la lista de la compra. Siéntate a comer sin repasar mentalmente lo que tienes pendiente para esa tarde.
  • Desconecta de vez en cuando. ¡El ser humano existía y sobrevivía sin móviles, tabletas y portátiles! Sé que te puede parecer increíble, pero hay vida más allá de la tecnología. Proponle a tus amigas media horita de café juntas, pero con los teléfonos silenciados y guardados en el bolso. Eso para empezar.
  • Revisa tu espacio vital (tu casa, tu mesa de trabajo, tu armario…) Tienes muchos objetos que no hacen más que estorbarte. Liberar espacio ayuda a despejar la mente.
  • Ponte metas y objetivos a tu alcance. Y a corto plazo, nada de a años vista. Según vas obteniendo resultados, se reduce tu ansiedad.

Recupera el placer de no hacer nada.

Aunque esté mal visto, cada vez hay más psicólogos que explican lo necesario que es para nuestro cerebro parar. Aburrirse potencia nuestra creatividad.  ¡Cómprate un buen sofá y organízate tu rincón-refugio! Sólo tienes que reservarte unos minutos al día para ti. 

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