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Ecologismo por necesidad. Como poner tu granito de arena y no hacer un Trump

Más de una habréis sonreído al ver el título de este artículo. ¡Vaya otra más que se ha dejado arrastrar por la moda del ecologismo! No me extraña, quizá yo hubiese pensado lo mismo hace unos meses. Como en tantas ocasiones, esta es otra de esas decisiones exclusivamente personal. Sólo puedo hablaros de mi experiencia, de como he querido ser consecuente con lo que creo que está en mi mano hacer. Pequeños cambios en mi vida que son fáciles de aplicar en nuestra vida diaria.

Hay mucha confusión con esto de ser ecologista. Lo mío no va de una cruzada contra nada. Sigo con el mismo trabajo, bastante relacionado con la tecnología. Vivo en mi piso de siempre en una población grande. Tengo coche y no me he hecho vegetariana. Aun así, disfruto del nuevo enfoque que he dado a mi vida. ¡Os cuento!

Respeto y equilibrio, las claves del ecologismo

Ecologismo por necesidad

Me topé con un artículo sobre alguien explicando por qué era ecologista. Al principio me dio pereza, supuse que se trataba otra vez de alabar las excelencias de volver casi a los tiempos de la Prehistoria. La verdad, para una mujer occidental de clase media, renunciar a las comodidades y hábitos de nuestra forma de vida no era el paradigma de la felicidad. Aun así, seguí con la lectura.

Algo hizo clic en mi cabeza cuando llegué a esta frase “ecologismo es la ideología del respeto, el equilibrio y el cuidado”. Un estilo de vida que busca otra relación con la Naturaleza, no solo para “salvarla”, sino por concebir otra forma de relación entre los seres humanos. Esto se iba poniendo interesante. No se trataba de romper radicalmente con mi vida, sino de replantearme cómo hacerla más compatible con el resto del planeta.

Cambio climático. Una realidad inabarcable

Es imposible mantenerse ajena a las preocupantes noticias sobre el cambio climático: la extinción de especies de fauna y flora, los desastres contaminantes, la penosa situación de mares y ríos… Los amigos de Greenpeace hacen una gran labor y te recomiendo que si puedes, les apoyes.

Por mi parte, por múltiples razones, no me veo atándome a un buque ballenero o con una pancarta a una central nuclear, aunque a veces sea más que necesario para llamar la atención sobre los problemas graves del planeta. Sin embargo, a nivel personal, esta nueva conciencia medioambiental ahora es imposible acallarla. ¿Qué esta en mis modestas manos?.

Mi excusa para mantenerme en el inmovilismo era que de nada servía lo que una insignificante persona hiciese, que para arreglar esto se tenía que tomar decisiones importantes al más alto nivel. Vale, eso es cierto. Pero, como aparte de intentar votar a partidos y organizaciones con programas comprometidos con la ecología, ahí no había mucho que hacer…  Mejor fijar mi foco de atención en aspectos más a mi alcance. Y, he descubierto dos importantes cosas:

-ni mucho menos estás sola en esta batalla

-hay montones de pequeñas decisiones esperando que las tomase

Un cambio de mentalidad requiere un compromiso escrito. Aunque podéis considerar que esto es barrer para casa, que lo es. Un buen comienzo de cambio es hacerte un recordatorio y grabar alguna de las siguientes frases en una pulsera personalizada o colgante de acero, es un modo de acentuar el compromiso con esta nueva visión: Mahatma Gandhi dijo: “Tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo”.

Otras también son realmente instructivas, son: “No queremos medio ambiente, lo queremos entero”, “Cambiamos de conducta o cambiamos de planeta” o “Sin ambiente no hay futuro”.

 

Ecologismo de las cosas sencillas

Pero, dejándome ya de teorías y con mi pulsera personalizada recordándome el objetivo, hice una primera lista de compromisos ecologistas que podía poner en práctica inmediatamente en mi casa y con mi familia. Os resumo los principales:

-Prioridad absoluta: cuidado con el consumo de agua. No hay bien más escaso y más necesario. Así que, a ahorrar, a usarla con sentido común. Para las que no lo sepáis, el agua en España es muy barata y somos de los mayores derrochadores. En mi casa se acabaron los grifos abiertos chorreando sin sentido. Me he convertido en experta en aprovechamiento: si me sobra agua en los vasos de beber, va para regar las plantas, para que os hagáis una idea. Ante todo consumo responsable.

-Por extensión, control del consumo en general. Sentido común y no veáis como lo agradece mi cartera. Cuando compro ya no se hace con el “por si” de antes. Calculo lo que realmente necesitamos, congelo todo lo que se puede y organizo los menús de la semana. ¿Te parece complicado o mucho más trabajo? Ya te digo que no, las primeras veces te lías un poco, pero luego… te sale solo. Esto incluye el gasto energético. No pasa nada si en invierno estás en casa con una chaquetita. Cada grado de más significa un consumo innecesario. Y el aire acondicionado también con cabeza, nada de 22 de temperatura, sólo refrescar para no morir de calor.

Aportar lo posible. La positividad de lo esencial

-Divertirse reciclando. Más allá de la idea de separar la basura, algo que también hacemos, nuestro nuevo concepto de reciclar consiste en encontrarle nuevos usos a las cosas. Hemos redecorado la casa con tarros de conservas, telas de ropa que no utilizábamos o contenedores de distintos materiales. Hay montones de tutoriales de estos temas en internet que te pueden ayudar. ¡Un lujo para la imaginación! También me he hecho asidua de mercadillos y tiendas de ropa ecologistas. Tan divertido o más que las tardes de compras en tiendas tradicionales.

-El coche sólo para lo imprescindible. Camino mucho más que antes, mi salud me lo agradece y también mi bolsillo. Me he borrado de ese gimnasio al que nunca iba y con mis traslados a pie y subidas de escaleras, te garantizo que estarás en forma. Y los paseos en bici, que no se me olviden.

Como veis, no se trata de gestos que pasarán a la historia de la humanidad. Sin embargo, nos vamos poniendo más retos cada día. Ahora estamos planificando un pequeño huertecillo básico en la terraza. De verdad, hemos descubierto un mundo de posibilidades, totalmente alejado de nuestra idea inicial del ecologismo como sinónimo de privaciones y renuncias. ¡Pruébalo y ya me contarás!

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